{"id":928,"date":"2020-12-16T13:20:06","date_gmt":"2020-12-16T12:20:06","guid":{"rendered":"https:\/\/iesnavarrovilloslada.educacion.navarra.es\/web\/adn\/?post_type=articulos&#038;p=928"},"modified":"2020-12-16T13:20:06","modified_gmt":"2020-12-16T12:20:06","slug":"lucrecia","status":"publish","type":"articulos","link":"https:\/\/iesnavarrovilloslada.educacion.navarra.es\/web\/adn\/articulos\/lucrecia\/","title":{"rendered":"Lucrecia"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-media-text alignwide has-media-on-the-right is-stacked-on-mobile\" style=\"grid-template-columns:auto 23%\"><figure class=\"wp-block-media-text__media\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"844\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/iesnavarrovilloslada.educacion.navarra.es\/web\/adn\/wp-content\/uploads\/sites\/4\/2020\/12\/Lucrecia_romana_Lucas_Cranach_el_Viejo-1-844x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-988\"\/><\/figure><div class=\"wp-block-media-text__content\">\n<p class=\"has-text-align-left has-normal-font-size\"><em>Ainhoa Chica (2\u00ba bachillerato F) nos recrea literariamente el suicidio de Lucrecia, una mujer romana del siglo VI a. C. que, seg\u00fan la leyenda, fue v\u00edctima de una violaci\u00f3n. Sirva esta desgarradora historia como contribuci\u00f3n del alumnado de Lenguas Cl\u00e1sicas al 25N, D\u00eda Internacional contra la Violencia de G\u00e9nero.<\/em><\/p>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/www.pexels.com\/es-es\/foto\/cacerola-mesa-cabeza-escultura-4268515\/\"><sub><sup><span style=\"color:#c5c5c5\" class=\"has-inline-color\">Imagen obtenida de fuentes que permiten su reutilizaci\u00f3n<\/span><\/sup><\/sub><\/a><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator is-style-wide\"\/>\n\n\n\n<p>No pude abrir los ojos la primera vez que lo intent\u00e9. Una luz blanca y c\u00e1lida amenazaba con cegarme en caso de que decidiese hacerlo, as\u00ed que decid\u00ed esperar unos momentos hasta que mi cuerpo se acostumbrase a tal deslumbramiento. Por esa raz\u00f3n no tuve m\u00e1s remedio que emplear el resto de mis sentidos para averiguar, o al menos especular, d\u00f3nde me hallaba. <\/p>\n\n\n\n<p>Primero escuch\u00e9. Y, para mi sorpresa, el hecho de que mi vida no hab\u00eda sido derribada del todo se present\u00f3 ante m\u00ed al escuchar el suave silbido del viento.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00fan desorientada y algo asustada, decid\u00ed proseguir en mi b\u00fasqueda de pistas que pudieran indicarme el lugar en el que me hallaba, as\u00ed que decid\u00ed, en segundo lugar, tratar de distinguir alg\u00fan olor reconocible en el aire. Efectivamente, estaba respirando. Pero no de la forma en la que siempre lo hab\u00eda hecho: sent\u00ed c\u00f3mo mis pulmones se hinchaban y se deshinchaban. Sin embargo, no sent\u00ed c\u00f3mo mi cuerpo se acompasaba con mi respiraci\u00f3n: tuve la sensaci\u00f3n de que mis pulmones estaban fundidos con el resto del universo, como si estuviesen hechos del mismo viento que estaba respirando. Fue entonces cuando, alarmada, descubr\u00ed que todo mi cuerpo se hallaba en ese estado incorp\u00f3reo, sumido en una sensaci\u00f3n de desnudez y al mismo tiempo de ligereza. Y entonces consegu\u00ed distinguir aquel aroma que me sugiri\u00f3 que, quiz\u00e1s, no hab\u00eda muerto del todo. Se trataba de una mezcla de la fragancia de la brisa marina, la que impregnaba mi pelo cada vez que me sumerg\u00eda en el mar, y del olor a quemado que dejan como estela las estrellas que mueren, tal y como dec\u00edan las historias que mi madre me narr\u00f3 cuando era peque\u00f1a. Por un momento, me sent\u00ed como si estuviese en alg\u00fan lugar muy lejano a la tierra, puede que incluso m\u00e1s alto que los oc\u00e9anos, pero no lo suficiente como para escapar del cielo nocturno, el m\u00e1s profundo y rec\u00f3ndito de todos los que hab\u00eda observado desde mi hogar, Colacia.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image is-style-default\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img decoding=\"async\" width=\"259\" height=\"192\" src=\"https:\/\/iesnavarrovilloslada.educacion.navarra.es\/web\/adn\/wp-content\/uploads\/sites\/4\/2020\/12\/Captura-de-pantalla-2020-12-07-155319.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-1039\"\/><figcaption><a href=\"https:\/\/p0.pikist.com\/photos\/187\/868\/sunset-dramatic-sky-sunset-reflection-clouds-dusk-sea-sunset-over-the-sea-sky-background-sky.jpg\"><sub><sup><span style=\"color:#c5c5c5\" class=\"has-inline-color\">Imagen obtenida de fuentes que permiten su reutilizaci\u00f3n<\/span><\/sup><\/sub><\/a><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Pens\u00e9 que ya era el momento adecuado para descubrir d\u00f3nde me encontraba, pues mis ojos ya se hab\u00edan acostumbrado a ese ambiente que irradiaba calor, paz y aquel deslumbrante fulgor. Mis p\u00e1rpados se levantaron t\u00edmidamente y me vi a m\u00ed misma tumbada sobre un lecho hecho de las mism\u00edsimas nubes que hab\u00eda observado siempre desde la ventana de mi casa. Cuando abr\u00ed mis ojos por completo descubr\u00ed que no solo se trataba de un lecho, sino de un infinito mar de nubes refulgentes y tan brillantes como las estrellas, que ba\u00f1aban el horizonte hasta donde mi mirada alcanzaba a ver. Me incorpor\u00e9 con una cierta dificultad y me toqu\u00e9 el rostro para, de una vez por todas, adivinar si hab\u00eda cruzado la terrible meta que me daba la bienvenida a la vida eterna.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-1 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:66.66%\">\n<p>Sin embargo, no fue mi tacto el que me lo revel\u00f3. Cuando hube alzado mi mirada un poco m\u00e1s, en busca de alg\u00fan cielo a\u00fan m\u00e1s alto que aquel en el que ya me hallaba, lo vi.<\/p>\n\n\n\n<p>Las leyendas eran ciertas. Y, perd\u00f3nenme las antiguas generaciones que las transmitieron a sus hijos d\u00e9cada tras d\u00e9cada, ninguna era tan soberbia y espl\u00e9ndida como aquel al que pretend\u00edan hacer justicia.<\/p>\n\n\n\n<p>-Lucrecia -dijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Su voz retumb\u00f3 en mi cabeza como los truenos de las m\u00e1s terribles tormentas. No me cupo ninguna duda. Era \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>-J\u00fapiter\u2026 -un hilo de voz quiso asomarse por mi ventana, demostrando que, en aquel momento, solo era un triste conejillo asustado.<\/p>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:33.33%\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-style-default\"><img decoding=\"async\" width=\"503\" height=\"786\" src=\"https:\/\/iesnavarrovilloslada.educacion.navarra.es\/web\/adn\/wp-content\/uploads\/sites\/4\/2020\/12\/311927.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-983\" srcset=\"https:\/\/iesnavarrovilloslada.educacion.navarra.es\/web\/adn\/wp-content\/uploads\/sites\/4\/2020\/12\/311927.png 503w, https:\/\/iesnavarrovilloslada.educacion.navarra.es\/web\/adn\/wp-content\/uploads\/sites\/4\/2020\/12\/311927-192x300.png 192w\" sizes=\"(max-width: 503px) 100vw, 503px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/openclipart.org\/image\/800px\/311927\"><sub><sup><span style=\"color:#c5c5c5\" class=\"has-inline-color\">Imagen obtenida de fuentes que permiten su reutilizaci\u00f3n<\/span><\/sup><\/sub><\/a><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<p>\u00c9l esboz\u00f3 una sonrisa que, m\u00e1gicamente, me tranquiliz\u00f3 como una tierna caricia e hizo que mi miedo entrase en calor.<\/p>\n\n\n\n<p>-No has de temerme, mujer, pues si has llegado hasta aqu\u00ed es porque no tienes razones para que te castigue. S\u00e9 en paz.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfLa vida eterna? \u00bfEs all\u00ed donde he llegado? -tartamude\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>-Muy a mi pesar, las almas m\u00e1s puras son siempre las primeras en marchar en esa direcci\u00f3n -el tono sabio de sus palabras me embeles\u00f3 como las sirenas seducen a los marineros-. Por lo tanto, no tengo m\u00e1s remedio que recibirte en el mundo de los cielos, donde dichas almas descansan eternamente saboreando la inalcanzable paz del mundo terrenal.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo en mi interior se estremeci\u00f3 cuando, de forma inevitable, tuve que asumir que mi muerte era definitiva. El dios supremo debi\u00f3 percibir aquella tristeza en mis ojos, pues se apresur\u00f3 a suavizar su declaraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>-No obstante, Lucrecia, has de saber que aquel que te condujo a este camino pagar\u00e1 por sus actos. A pesar de ser t\u00fa quien decidi\u00f3 atravesar la fina l\u00ednea que divide tu existencia entre f\u00edsica y espiritual, fue otro el que te golpe\u00f3 con los motivos para tomar esa decisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta vez su discurso se clav\u00f3 en mi pecho como un helado pu\u00f1al. De repente fui capaz de recordar todo, hasta el m\u00e1s irrelevante detalle, como si al llegar a esta nueva vida hubiera sido dotada con la capacidad de revivir toda mi existencia con la \u00fanica fuerza de mi pensamiento.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-2 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:54.4%\">\n<p>Record\u00e9 a aquel hombre desalmado perturbando mi sue\u00f1o en mitad de una noche. Record\u00e9 mis l\u00e1grimas. Mi soledad. Record\u00e9 el filo de su espada brillando a la luz de la luna y amenazando con rasgar mi piel si decid\u00eda gritar. Record\u00e9 sus ojos enloquecidos, su macabra sonrisa. El miedo que sent\u00ed al descubrirme desnuda, viendo como mi honor se escapaba de mi alma, arrebatado por un humano que carec\u00eda por completo de humanidad y que nunca sentir\u00eda remordimiento alguno por su pecado.<\/p>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:33.33%\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized is-style-default\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/iesnavarrovilloslada.educacion.navarra.es\/web\/adn\/wp-content\/uploads\/sites\/4\/2020\/12\/1024px-Gigants4.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-992\" width=\"405\" height=\"263\" srcset=\"https:\/\/iesnavarrovilloslada.educacion.navarra.es\/web\/adn\/wp-content\/uploads\/sites\/4\/2020\/12\/1024px-Gigants4.jpg 1024w, https:\/\/iesnavarrovilloslada.educacion.navarra.es\/web\/adn\/wp-content\/uploads\/sites\/4\/2020\/12\/1024px-Gigants4-300x195.jpg 300w, https:\/\/iesnavarrovilloslada.educacion.navarra.es\/web\/adn\/wp-content\/uploads\/sites\/4\/2020\/12\/1024px-Gigants4-768x500.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 405px) 100vw, 405px\" \/><figcaption><sub><sup><a href=\"https:\/\/upload.wikimedia.org\/wikipedia\/commons\/thumb\/d\/db\/Gigants4.jpg\/800px-Gigants4.jpg\"><span style=\"color:#c5c5c5\" class=\"has-inline-color\">Imagen obtenida de fuentes que permiten su reutilizaci\u00f3n<\/span><\/a><\/sup><\/sub><\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<p>Mientras recordaba quise llorar, pero no pude. Simplemente me qued\u00e9 ah\u00ed sentada, vac\u00eda, rememorando aquella fat\u00eddica y \u00faltima noche, cuando un infame me azot\u00f3 con el \u00e1spero l\u00e1tigo de la verdad. Y la verdad era que, por muchos hombres que atravesaran mi vida, jam\u00e1s podr\u00eda igualar la libertad de la que gozaba ninguno de ellos. Mi condici\u00f3n de mujer me jug\u00f3 la peor de las pasadas y en solo un par de horas perd\u00ed el m\u00e1s valioso regalo que uno puede recibir: la vida. No me refiero a cuando hund\u00ed aquel cuchillo en mi coraz\u00f3n y mi respiraci\u00f3n se apag\u00f3 como una vela, sino a cuando toda mi felicidad huy\u00f3 de m\u00ed al sentir mi cuerpo, mi templo, profanado por unas manos que no eran las amadas, que no eran las de Colatino. Unas manos que no acariciaban, que ara\u00f1aban. Que no besaban, que arrancaban. Que atropellaban mi inocencia y la ilusi\u00f3n que mi madre sembr\u00f3 en m\u00ed desde que di mis primeros pasos. Las manos de Sexto Tarquinio.<\/p>\n\n\n\n<p>La voz del dios de los cielos me arrastr\u00f3 de vuelta del lejano viaje en el que me hab\u00eda sumido.<\/p>\n\n\n\n<p>-Joven, tu alma es pura y soy conocedor de su pureza. Tal y como juraste a tu esposo y a tu padre antes de borrar tu vida, solo tu cuerpo ha sido violado, mientras<br>que tu voluntad es inocente. Mi omnipotencia me otorga el saber infinito y conozco tus valores, as\u00ed como tus miedos, tus virtudes y tus defectos, sin importar en qu\u00e9 vida te encuentres. Sexto Tarquinio ser\u00e1 castigado como merece y los cielos se nublar\u00e1n cuando la muerte lo alcance: bajo mi decreto, su paso a la vida eterna est\u00e1 prohibido y ser\u00e1 condenado a deambular por siempre en el limbo entre la vida y la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Solamente escuchar aquel nombre hizo que comenzase a temblar y a sufrir escalofr\u00edos. Jam\u00e1s podr\u00eda olvidar aquello. Como leyendo mis pensamientos, J\u00fapiter se adelant\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>-La vida eterna sanar\u00e1 tus heridas y te regalar\u00e1 la paz. No olvidar\u00e1s, pues el recuerdo forma parte de la naturaleza humana y queda fuera de mi alcance, pero tu conciencia y tus males hallar\u00e1n la cura que te permita seguir adelante. Sin embargo, primero has de relatarme los hechos tal y como sucedieron, pues el primer paso hacia el alivio del pesar se halla en la aceptaci\u00f3n de las desdichas.<\/p>\n\n\n\n<p>Dud\u00e9. \u00bfSer\u00eda capaz? La \u00fanica forma de averiguar si podr\u00eda sanarme alg\u00fan d\u00eda era arriesgarme y revivir, aunque fuera a trav\u00e9s de las palabras, el robo de mi reputaci\u00f3n y de la pureza de mi cuerpo. As\u00ed pues, respir\u00e9 profundamente y comenc\u00e9 a hablar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cTodo empez\u00f3 una fr\u00eda noche. Yo estaba trabajando la lana de las ovejas a la luz de las velas cuando, a lo lejos, escuch\u00e9 el sonido del galope de los caballos. Me asom\u00e9 por la ventana y, tras la humareda levantada por el trote, divis\u00e9 las figuras de algunos hombres a los que no conoc\u00eda. Sin embargo, una de esas sombras se dibujaba con familiaridad en la oscuridad de la noche. Se trataba de mi amado esposo, Colatino, que lideraba el grupo y lo conduc\u00eda hacia nuestro hogar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando aquellos hombres llegaron sal\u00ed a recibirlos, tambi\u00e9n como excusa para saludar a mi marido. Les dimos de cenar pues su traves\u00eda hab\u00eda sido agotadora y les ofrecimos lechos sobre los que reposar, que aceptaron de buen grado tras una noche&nbsp;de diversi\u00f3n, risas y bebida. Durante la velada fui descubriendo las identidades de aquellos varones: eran los Tarquinios\u2026 Y cu\u00e1l fue mi sorpresa al serme revelado que uno de los acompa\u00f1antes de mi marido era Sexto Tarquinio, hijo del actual rey de Roma, Lucio Tarquinio. Solamente llam\u00f3 mi atenci\u00f3n su rango social, pero en absoluto me sent\u00ed atra\u00edda por su apariencia o su temperamento, ya que m\u00e1s bien parec\u00eda un hombre excesivamente fr\u00edo y calculador. \u00a1Pobre de m\u00ed, que ojal\u00e1 hubiese abierto la puerta a la duda y a las sospechas desde el primer momento! Sin embargo, opt\u00e9 por recurrir a mi simpat\u00eda y a mis buenos modales delante de todos aquellos hombres que, al fin y al cabo, eran invitados de mi marido y merec\u00edan ser tratados como tal.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En mitad del jolgorio y las risas, mi Colatino se aproxim\u00f3 a m\u00ed y me confes\u00f3 que el motivo real por el que hab\u00eda hecho venir a esos hombres era que quer\u00eda que todos admirasen mi belleza ya que, a su juicio, era superior a la de la esposa de Sexto Tarquinio. No s\u00e9 si estar\u00eda en lo cierto o no, pero sin duda mis mejillas se ti\u00f1eron con el calor infundido por tal halago.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Unos d\u00edas despu\u00e9s el hijo del rey volvi\u00f3 a presentarse en nuestro hogar, pero esta visita agrav\u00f3 mis sospechas ya que, conforme entraba por la puerta, no dej\u00f3 de preguntar ni un segundo d\u00f3nde se hallaba mi marido, como si tuviera miedo de que apareciese. Con recelo trat\u00e9 de tranquilizarlo explic\u00e1ndole que Colatino se encontraba pasando unos d\u00edas fuera de casa, aunque parece ser que los motivos no le importaban demasiado. Cay\u00f3 la noche y cenamos sin intercambiar una sola palabra, solo cruzando miradas silenciosas de una punta de la mesa a otra. Las m\u00edas, desconfiadas y prevenidas; las suyas, g\u00e9lidas e inexpugnables. Cuando lleg\u00f3 la hora debida, cada uno march\u00f3 a sus aposentos y yo me sum\u00ed en un profundo sue\u00f1o.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A altas horas de la noche me arranc\u00f3 de mi placidez un sonido met\u00e1lico y afilado que escuch\u00e9 peligrosamente cerca. Sobresaltada, abr\u00ed los ojos y ahogu\u00e9 un grit\u00f3 cuando me encontr\u00e9 arrinconada por Sexto Tarquinio, que me sonre\u00eda con una expresi\u00f3n ba\u00f1ada en locura y empu\u00f1aba su espada contra mi pecho. No me dio tiempo ni a respirar: sent\u00ed mi pulso aligerarse y enfurecerse como un tambor y todas mis fuerzas concentradas en mis m\u00fasculos, que se agarrotaron de terror. \u201cSilencio, Lucrecia; soy Sexto Tarquinio; estoy empu\u00f1ando la espada; si das una voz, te mato\u201d me susurr\u00f3, mientras me percataba de que el color se escapaba de mi cara, que pasaba a obtener una palidez comparable a la de la luna, \u00fanica fuente de luz que alumbraba aquel episodio.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-media-text alignwide is-stacked-on-mobile\" style=\"grid-template-columns:38% auto\"><figure class=\"wp-block-media-text__media\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"626\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/iesnavarrovilloslada.educacion.navarra.es\/web\/adn\/wp-content\/uploads\/sites\/4\/2020\/12\/Bartolomeo_passerotti_lucrezia_02-626x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-996\"\/><\/figure><div class=\"wp-block-media-text__content\">\n<p class=\"has-normal-font-size\">No me doblegu\u00e9. Juro por todos los dioses que no lo hice. Pero amenaz\u00f3 con echar por tierra mi honor de terrible manera: colocando al lado de mi cad\u00e1ver el de un esclavo y situar ambos en mi cama, para simular un adulterio. Fue entonces cuando mi templanza se quebr\u00f3 ante las amenazas y ca\u00ed. Aquella criatura me rob\u00f3 mi voluntad, me arrambl\u00f3 a los infiernos y se march\u00f3 sin pudor alguno.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-normal-font-size\">Tan pronto como recibieron mis mensajes de auxilio, mi padre y mi amado se presentaron en el hogar con sus hombres de confianza y no pude mantener la compostura. Me arroj\u00e9 a sus brazos y llor\u00e9 desconsoladamente, confes\u00e9 mi infortunio e, incapaz de soportar el calvario y el tormento en el que Sexto Tarquinio me hab\u00eda enfrascado, jur\u00e9 que nadie me tomar\u00eda como ejemplo para seguir con vida. Luego fue el pu\u00f1al. Y luego, la oscuridad.\u201d&nbsp;<\/p>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p><sub><sup><a href=\"https:\/\/upload.wikimedia.org\/wikipedia\/commons\/e\/ec\/Bartolomeo_passerotti%2C_lucrezia_02.jpg\"><span style=\"color:#c5c5c5\" class=\"has-inline-color\">Imagen obtenida de fuentes que permiten su reutilizaci\u00f3n<\/span><\/a><\/sup><\/sub><\/p>\n\n\n\n<p>Me call\u00e9. Lo hab\u00eda hecho. Y la consciencia no me hab\u00eda abandonado. El semblante de J\u00fapiter se hab\u00eda oscurecido durante mi relato, pero cuando apart\u00e9 mis ojos del horizonte sobre el que se hab\u00edan posado al terminar mi historia y lo mir\u00e9, sonri\u00f3.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>-Eres una gran mujer. Merec\u00edas la vida -se encogi\u00f3 de hombros-, pero elegiste no albergarla si tu honor hab\u00eda sido herido. No creo que meritases tan tr\u00e1gico final, pero tu inocencia y la bondad que atisbo en ti lo compensar\u00e1n. Ser\u00e1s premiada con la paz eterna y tu padre y tu marido te dar\u00e1n venganza.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbSer\u00e1s perenne como las hojas de los cipreses en el mundo de los cielos, pero te prometo, querida Lucrecia, que ser\u00e1s tambi\u00e9n eterna en la historia de Roma.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Ainhoa Chica, 2\u00ba F Bachillerato <\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ainhoa Chica (2\u00ba bachillerato F) nos recrea literariamente el suicidio de Lucrecia, una mujer romana del siglo VI a. C. que, seg\u00fan la leyenda, fue v\u00edctima de una violaci\u00f3n. Sirva esta desgarradora historia como contribuci\u00f3n del alumnado de Lenguas Cl\u00e1sicas al 25N, D\u00eda Internacional contra la Violencia de G\u00e9nero. 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